Nunca he sido un gran fanático de las celebraciones de año nuevo, quizás nunca habían tenido o nunca les había encontrado un verdadero significado, uno entrañable, uno real o uno que recordase. Últimamente el nunca ha sido cada vez mas y mas distinto a la concepción que tenía acerca de él, el rumbo natural de la tierra parece ser el pretexto perfecto para cerrar ciclos y abrir nuevos, el pretexto ideal para dar un abrazo y desear que lo mejor venga, la vida te cambia en un segundo y quizás es por eso que uno llega a pensar que doce son suficientes para planear una vida, doce campanadas que nos indican que no estamos perdidos y que a pesar de lo mal que pueda ir la vida a veces aún tenemos esperanzas, “año nuevo vida nueva” dicen por ahi, esta vez para mi fue distinto, todo comienzo es simple, tan simple como una charla o como el cruce de una mirada y al final en muchas ocasiones no apreciamos que ese evento tan simple termina cambiandote la vida, después de dos años de tener basta un instante para comenzar a ser y ser feliz, la vida sonrie si tu le sonries y de esa forma puede ser que entonces cambien las cosas como siempre quisiste hacerlas o al menos eso añorabas, atrás ni para tomar vuelo… “Vida nueva año nuevo”.


